Acepté llevar los panfletos porque me acompañaría la trotskista más
maciza de Bilbao. Aquella chica me
calentaba tanto como mi pequeño burgués Seat 1430 ponía a su orga. Falló la entrega y, aterrados ante una caída, conduje hasta
Neguri Beach. “Camarada, tu escote y la agitprop me ponen
burro, ¿follamos un poco por si el fascismo nos
entrulla quince años?” Aceptó y se subió la falda con loable ardor
revolucionario. Que ejemplo de fogosa lucha
proletaria contra la
dictadura. Que
polvazo.

Todavía jadeábamos cuando llegó la
guardia civil. “Documentación, ¿qué hacen aquí?”, preguntó con deje gadita. “Pues mire, agente, estábamos
toqueteándonos porque mi novia me quiere dejar”, respondí con mi mejor acento andaluz. “Mentira, señor policía, es que éste sólo me quiere para
follar y estoy harta", refutó Lola. “Vístanse, acompañe a la señorita a casa y
cásese con la mushasha”. No pudimos realizar la entrega. Dos días después
repetimos viaje y empujón. Con el maletero lleno de
panfletos.
En 1970.
Esta entrada está dedicada a mis amigas Dª Carmen Missy y Dª Aurora López
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